San Sebastian
Por Spencer Throckmorton

Ulises González nació en La Habana, Cuba; ahí se recibió en la renombrada Academia de San Alejandro. Ahora reside, exiliado, en la ciudad de Guadalajara, en México. González pertenece a una nueva generación de artistas jóvenes nacidos en los 60’s que crecieron relativamente aislados del resto del mundo. Las limitaciones de su desarrollo social y cultural han impulsado a una parte de esta juventud cubana hacia la búsqueda de materiales de trabajo, de relaciones internacionales y el acceso a una información más amplia. Como resultado, un gran número de artistas han emigrado de su país en busca de una mayor plenitud espiritual artística. El tema subyacente en la pintura de González radica en esta inquietud de libertad artística y de identidad espiritual.

González ubica sus temas en una atmósfera que evoca el paso del tiempo y simultáneamente crea un espacio sagrado entre él y el espectador. Este espacio sirve al espectador para reflexionar sobre las horripilantes imágenes de pedazos de cuerpos heridos, mutilados, tasajeados y ensangrentados: la idea de la humillación de la carne como medio para lograr la trascendencia del alma. González subraya los efectos dramáticos de estas imágenes exageradas mediante acercamientos fragmentados del cuerpo en lugar de presentarle al espectador la figura entera. Así el espectador se obliga a confrontar la anatomía humana como paisaje de sufrimiento.

Algunos símbolos recurrentes en la iconografía católica, como el corazón sangrante o las partes desmembradas del cuerpo que se ven en los “milagros” – ángeles, mártires y Cristos – reaparecen aquí, transformados por un lenguaje crudo y expresionista . La carne transgredida y los cuerpos mutilados, bañados de sangre son en si mismos un símbolo poderoso de sufrimiento y del dolor. La fuerza de estas imágenes en la obra se ve aumentada por la escala del formato (generalmente de 2 x 2 metros) así como por la tensión que producen sus colores misteriosos.

El formato amplio y estilo expresionista nos remiten a ciertas influencias del Neo- Expresionismo Alemán: el uso de fondos oscuros que dan a los cuadros la sensación de aislamiento y desolación, de un tiempo irrecuperable. Esta oscuridad resulta en una calidad atmosférica de donde surgen las imágenes del “angst” existencial y universal.

Las referencias recurrentes a san Sebastián puntualizan frecuentemente la obra de González. Como santo patrón de los artistas, su martirio fue ser atado a un árbol y flechado hasta desangrarse. Los atributos de San Sebastián, las flechas y los clavos, representan no solo el sufrimiento agudo y prolongado y el triunfo sobre el dolor y la agonía, sino que simbolizan también la belleza masculina, la juventud y el erotismo. El misticismo que rodea a San Sebastián se asocia con el culto a la perfección física, a la virilidad , a la juventud. Es evidente esa fascinación y culto al cuerpo en la pintura de González. En su obra se yuxtaponen los cuerpos con la carne mutilada, desgarrada, cicatrizada, a una clara reverencia hacia la belleza carnal.

En la fisonomía de estas figuras se retrata la angustia mental que producen las vivencias de represión y de violencia. El simbolismo religioso que se asocia a la figura de los Mártires refleja la lucha universal de la humanidad por erradicar la represión. González no se limita a transmitirnos la oscuridad de la desesperación sino que ofrece al espectador la luz de la esperanza que emana en la luminosidad de la superficie de sus telas.

La pintura de González es un acto de redención íntima que lo libera a él y a la humanidad de las realidades inherentes a la represión espiritual y artística. La representación pictórica de estas imágenes corpóreas podría interpretarse como una lectura contemporánea del “ex – voto”, cuya misión era la exaltación del sufrimiento de la vida para al mismo tiempo mitigarlo. En este razonamiento, el acto de la pintura se convierte en un medio para acceder a la redención.

Al dotar a su obra de misticismo y religiosidad, González evita la idiosincrasia; estas imágenes agudas son universales. Con su referencia expresa a una realidad carnal y a la ansiedad de la actual condición humana, González se aproxima a una trascendencia casi chamanística.

Nueva York , Marzo 1993

 

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